Desde 1.926… para todos los sentidos

Nuestro café-restaurante La Pecera del Círculo de Bellas Artes es una parada obligatoria para los amantes de la cultura y la gastronomía. De arquitectura neoclásica, destaca la cuidada selección de obras de gran formato procedente de los fondos de la amplia colección de pintura y escultura atesorada por el Círculo desde su fundación en 1880.
La Pecera del Círculo de Bellas Artes representa una oportunidad de detener el espacio y el tiempo. Por aquí es fácil coincidir con personalidades del mundo de la cultura y el arte. Desde finales de los años 20, en este espacio se propiciaron heterogéneas conversaciones y tertulias donde artistas, militares, toreros, actores y músicos debatían plácidamente y en clave de ironía sin que nadie recuerde en esta sala ningún altercado político.
Disfruta de nuestro amplio horario para desayunar, comer, tomar un cocktail o cenar. Estaremos encantados de recibirte. Y no olvides que con el buen tiempo contamos con una terraza en la misma calle Alcalá, arteria principal en la historia de Madrid.

 

Un poco de historia:

La Pecera fue la antigua “Sala de Conversaciones ” del Círculo de Bellas Artes, cuyo edificio actual fue inaugurado por Alfonso XIII el 6 de Noviembre de 1.926. Desde entonces es protagonista de la cultura de Madrid. Se la denominó “Pecera” porque su arquitecto, Antonio Palacios, fijó la altura de los petos de los ventanales que daban a la fachada de la calle Alcalá para que los socios de edad avanzada pudieran ver desde esa discreta ubicación a las señoritas que paseaban. Desde la calle sólo se les veía la cabeza con lo que parecían peces.
La Pecera se encuentra repleta de obras de arte, como los frescos de Ramón Zaragoza, cuadros de Antonio Muñoz Degraín o José Aguilar y esculturas como El Salto de Léucade de Moisés de Huerta. Esta obra maestra se ubicó definitivamente en nuestra sala en 1.930 después de estar emplazada en diferentes lugares del CBA y ya no se movío más de aquí. Interesa la anécdota acaecida durante la Guerra Civil Española: La Pecera fue dividida longitudinalmente por una estructura que constituían unas ventanillas para tramitar los abastecimientos y que pasaba, perfilada, por encima de ella con el fin de evitar su traslado.
Finalmente, interesa destacar, entre la amplísima nómina de nombres ilustres que han honrado el espacio, la visita diaria a la que acostumbraba Don Santiago Ramón y Cajal en los días ya postreros de su existencia como recuerda el periodista Antonio Robles: “A Ramón y Cajal se le ve entrar en Bellas artes y escabullirse en el rincón más oscuro. Nadie está con él, ni un periódico, ni un libro, ni un pitillo. Medita, calla y se deja comer totalmente por el anochecido de cada día”